Ella paseaba de un lado a otro de la acera.
Se paró como cada dia a mirar las flores, agarró la más hermosa, pero no se fijo en las espinas que escondia.
El nunca paseaba, caminaba, comiéndose la vida a mordiscos en una hora.
A ella le sangraba a chorros el ayer y el mañana.
Para ella por una vez la cruz no significó perder.
El solo tenía una cara de la moneda.
Ella nunca plasmó sus sueños en un papel, pues es imposible soñar lo que nunca se quiso tener.
Ella era las miradas, los papeles que nunca mostró, la canción que el nunca quiso escribir.
El era al que abrazaba cada noche en el lado vacio de la cama.
Tenian el corazón roto, que solo les quedaba un pedazo. No sabian donde estaba el resto, lo habian regalado poco a poco, y no se molestaron en buscarlo.
Y entonces ella le puso la vida a sus pies, para que el aprendiera a pasear.
El le dio su cuerpo y ella lo quiso guardar dentro de su piel.
Y se pararon las manijas, se rompieron los espejos, la resaca era hacer el amor. No tardaron en aprenderse las distancias entre los puntos cardinales de su cuerpo.
Solo existieron en el mundo dos perfumes, dos miradas, disfrutaron de cada edificio, cada calle, cada jardin.
Pero este amor era como uan alarma a las 7:30; o te da la vida o te mata, y de la luz de neón a la luz del sol hay la misma distancia que de la risa al llanto.
De repente, cuatro llamadas perdidas y un mensaje en el contestador.
Y volvieron los relojes a girar, las explosiones en la ciudad, volvieron los boligrafos, los papeles, por cada palabra: dos pasos atrás.
Las miradas volvieron a clavar, volvieron los perfumes, chillaron los espejos, y cada cama volvio a ser buena mientras hubiera alguien, con su “esta tarde te llamo”.
Y el dormitorio volvió a ser ese lugar al fondo del pasillo de la carcel, y la losa acumulada, y la prensa sin leer, y las 2:50, las 4:40, las 5:56; el cuba libre a las 18:00, cocaina en el bolsillo, y marihuana con cerveza para desayunar…
Y ya era tarde cuando por una vez El se atrevio a gritar: ME ESTABA OLVIDANDO DE OLVIDAR.
Y Ella, escribió algo por primera vez: “Te quiero, adiós”.
Es todo,
Sir Vin